Claudio Pose
En las “Direcciones para el canto congregacional” Juan Wesley comienza con la frase del título de esta nota: “Canten todos” y aclara, “Procura reunirte con la congregación tan frecuentemente como te sea posible.” La fe vivida en la comunión fraternal, proclamada y anunciada por medio del canto comunitario, son una marca distintiva del metodismo.
Si bien el canto congregacional fue uno de los aportes más significativos de la Reforma Protestante a la Iglesia, el metodismo logró dotarlo de una función importante tanto como transmisión de los contenidos de la fe, como la expresión de la experiencia comunitaria cristiana, a la que Wesley denominaba “santidad social”.
Vamos a ubicarnos en el contexto histórico en el que se abre paso el metodismo. La iglesia oficial, la anglicana, no lograba ocuparse de grandes sectores de la población, cuya única posibilidad era adecuarse a una liturgia que, si bien sólida y rica, era estática y con poca participación comunitaria. Ese culto tampoco daba cuenta de la cotidianeidad de la gente común, era una liturgia que no hablaba el lenguaje de la gente y no incorporaba sus experiencias diarias. A esto se le agrega que entre el sesenta y el setenta por ciento de la población era analfabeta, por lo cual no era suficiente tener acceso a material escrito, se requería un proceso de alfabetización de las personas. El metodismo se ocupó de ello, pero a la vez, ofreció varias herramientas que permitían que las personas accedieran a contenidos de la fe mientras se alfabetizaban.
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