
EDITORIAL
La otra pandemia
La quintaesencia de Dios nunca permitiría desastres naturales, ni epidemias, ni plagas, a fin de que los humanos le busquen. Su esencia es el amor, por lo que nos deberían interesar mayormente sus hermosas promesas, sobre todo aquellas que nos aseguran que Él está con nosotros, en cualquier condición o circunstancia.
Por ello, buscar sentido a una desgracia, a un contratiempo o a una adversidad, es un sinsentido.
Esta edición de El Evangelista Mexicano está “plagada” de reflexiones acerca de los tiempos que vivimos. Y con razón, ya que nos encontramos en una pandemia que, en sus fases iniciales, además de cobrar vidas humanas, ha trastocado los modos de vivir y sobrevivir de muchas sociedades, hasta hoy incólumes, y que parece también trastocará nuestra manera de convivir en los próximos años e impactará todos los ámbitos de nuestra vida.
Por ahora, las preocupaciones mundiales se centran en las personas y en su entorno inmediato. Pero también en las causas estructurales de la sociedad que causa, no la pandemia, sino el desastre asociado a ella. Como los impactos económicos que pudiesen venir asociados con la falta de consumo, de tránsito de personas y de intercambio de bienes y servicios. También, hemos visto preocupación con aspectos individuales, como la soledad de la persona y su entorno familiar, pero también con la economía. Y el miedo e incertidumbre que genera toda la situación, aún actos de discriminación –tan humanos- como señalar a los más vulnerables como causa de la pandemia y aún al personal de los servicios de salud. La ignorancia en su máxima expresión, aún alentada por medios de intercambio de información (que no de comunicación) que conmocionan al mundo con una verdadera “infodemia”.
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