
La ética protestante del trabajo y del bienestar
El ideal cristiano no es trabajar lo menos posible, sino usar el trabajo para la gloria de Dios.
José Hutter
La Reforma preparó el camino para lo que se llama la “ética protestante del trabajo”. La idea de Martín Lutero del “sacerdocio de todos los creyentes”, hizo añicos la estricta separación entre lo “secular” o lo “mundano” y lo “espiritual”, que era una idea común en la Iglesia antes de la Reforma. Al anular esa diferenciación se elevó el reconocimiento del trabajo secular. Ya no se veían más las profesiones seculares como inferiores a la vida contemplativa de los monasterios o al ministerio de un sacerdote. Dios podía ser glorificado en cualquier tipo de trabajo honrado. Cuando hablamos hoy en día de la importancia de glorificar a Dios en todo lo que hacemos, incluyendo en nuestros trabajos, expresamos una idea que tiene sus raíces precisamente en la Reforma Protestante.
Este concepto y otros más llevaron al progreso industrial y la prosperidad más avanzada jamás conocida en la historia.
Fue este principio de un trabajo sólido y bien hecho para la gloria de Dios que llevó a los países de la Reforma a un bienestar singular, y se debe particularmente a la cosmovisión protestante. Los emprendedores y negocios más dinámicos se encontraron en la Holanda calvinista y en Inglaterra, fuertemente influenciada por sus ideas.
Max Weber, en su famoso libro: “La ética Protestante y el Espíritu del Calvinismo” (1905), atribuyó la revolución capitalista al calvinismo con su austeridad y su ética de trabajo.
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