El metodismo fue visto en el protestantismo académico como el “patito feo” de la gran familia de la Reforma. Una corriente de entusiastas sin teología ni liturgia. Una ola apasionada que podía oscilar entre el llamado enérgico a la conversión personal y, simultáneamente, involucrarse en los conflictos sociales de la época con un compromiso sólido.
Claudio Pose
El metodismo fue visto en el protestantismo académico como el “patito feo” de la gran familia de la Reforma. Para algunos, una corriente de entusiastas sin teología ni liturgia. Desde fuera de los claustros, el metodismo era observado con cierto estupor: una ola apasionada que podía oscilar entre el llamado enérgico a la conversión personal y, simultáneamente, involucrarse en los conflictos sociales de la época con un compromiso sólido.
¿Qué era el metodismo? Un fenómeno religioso difícil de encasillar, al menos para las categorías del siglo XIX. Hacia finales de ese siglo y comienzos del XX, se desarrolló una implosión del universo wesleyano, de la cual surgieron las iglesias de santidad (Nazarenos y pentecostales) y, en otro proceso en paralelo, el Ejército de Salvación. Por supuesto, también permanecía el metodismo, a través de distintas iglesias.
La santidad personal y social, el amor a Dios y al prójimo y la experiencia espiritual y la razón, dejaron de ser binomios en tensión que dinamizaban al movimiento. Los distintos fragmentos de la implosión se convirtieron en banderas doctrinales y la parte se convirtió en el todo.
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También anunció que como Conferencia se celebrará un culto de memoria y gratitud por la vida del Pbro. Panucio Ruiz, el domingo 27 de febrero a las 17:00 horas en diversas plataformas que se anunciarán posteriormente. 






