Querido Santa…
Por Benjamín Contreras Sánchez
La reflexión que comparto está extemporánea, pasadas ya las fiestas navideñas. No obstante, la comparto con la esperanza de que brinde algún beneficio aplicable a nuestras familias o iglesias, ahora o en algún tiempo.
Recuerdo haber sido el cabecilla del debate celebrado en el 2do año de primaria. La maestra había salido del salón y rápidamente se armó el acalorado intercambio de argumentos. Yo defendía férreamente la existencia de Santa Claus. Mi evidencia en este juicio escolar, era nada más y nada menos que la aparición milagrosa de regalos cada 25 de diciembre bajo el árbol navideño… y claro, la palabra de mi madre que mantenía mi ilusión. Después de todo, ella es una santa mujer y no podría mentir en un tema tan importante para un chico de 7 años.
Sin embargo, la duda se sembró en mi mente. Mi tambaleante fe sobre Santa Claus se encontraba a prueba. “¿Y si es verdad que los regalos los compran los papás?” me pregunté muchas veces. Así que decidido, esa Navidad traté de mantenerme despierto lo más que pude, pero al fin en lo que para mí fue un pestañeo, zas, de repente allí estaban los juguetes. Y para aumentar mi fe: ¡Eran exactamente los juguetes que mi madre me había dicho que escribiría en mi carta a Santa! Wow, qué más prueba podía pedir. ¡Santa existe!

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