
Espiritualidad en tiempos de contagio
Juan Pablo Espinosa Arce
Tiempos de preocupación
Son tiempos de preocupación, de cuidado, de autocuidado y de cocuidado. La irrupción del virus COVID-19, llamado popularmente como el “coronavirus”, nos afecta a todos de alguna u otra manera. Es interesante la palabra “afectación”, la cual indica que algo nos impacta, nos importa, nos concierne. El virus en expansión nos afecta, nos daa, nos recuerda cuan vulnerables somos. El filósofo Karl Jasper habla de las “situaciones límites”, es decir, de todas aquellas cosas que hacen que el ser humano recuerde su precariedad y vulnerabilidad: la enfermedad, el dolor, el fracaso, la muerte. A partir de esto, me surge la pregunta de cómo pensar una espiritualidad en tiempos de contagio. ¿Qué le dice la experiencia espiritual al contagio y qué nos aporta el contagio a nuestra comprensión de la espiritualidad? Son algunas de las cosas que buscamos ofrecer en esta columna.
La espiritualidad es una búsqueda humana
El psiquiatra chileno Sergio Canals en su obra “El poder de la caricia” define la espiritualidad como una actitud de búsqueda propia del ser humano que se enfrenta a la realidad. Jasper, por su parte, vincula las situaciones límites con estas búsquedas más profundas y comenta que la razón técnica, las búsquedas del progreso económico, social, político, cuantitativo, han “privado” al ser humano de esta dimensión más profunda que es la espiritualidad. Pero, y aquí aparece algo interesante, a saber que esta misma época actual nos ha demostrado que las lógicas de exceso de acumulación, del culto al dios dinero o de las tentaciones del poder no son para nada eficaces al momento de enfrentarnos a un virus. Insistimos con lo que anteriormente decíamos: el virus nos recuerda – como un fantasma de Dickens – que somos vulnerables, que nos enfermamos, que estamos en situaciones de precariedad. Pienso también que estos días de cuarentena, del no poder salir de las casas, de no tener las rutinas diarias normales nos recuerdan que hay muchas personas que viven todo el año precariamente. Quizás este tiempo también es una invitación a entender que la espiritualidad en semanas de crisis sanitaria es un recuerdo de que somos polvo, de que somos frágiles (Cf. Gn 3).

















