Justicia y Ética de la Responsabilidad
Para los metodistas, la norma de fe y conducta es la palabra de Dios. Escucharla y ponerla en práctica produce la fe que consiste en la convicción de la construcción de un reino magnífico, del Reino de Dios. Por otro lado, la libertad cristiana ha sido fundamento de la reforma permanente de la Iglesia. No nos conformamos a este siglo, sino nos transformamos constantemente por medio de la renovación de nuestro entendimiento para comprobar cuál es la voluntad del Padre Celestial, agradable y perfecta, para nuestros tiempos. Siempre buscando dar testimonio de que somos sus discípulos a través del amor a nuestros semejantes.
El 20 de noviembre estaremos celebrando como país un aniversario más del inicio del movimiento social conocido como la “Revolución Mexicana”, en donde se gestó una lucha que tuvo la justicia social como gran aspiración, pero que había que construir con mucho esfuerzo en el aquí y en el ahora. En ese movimiento participaron muchos evangélicos y metodistas que, con toda libertad, empeñaron su fe en acciones concretas. Hicieron de su visión del Reino y la crítica social herramientas para mejorar las condiciones de vida de una Patria llena de asimetrías y desigualdades de las que, ya muy entrados en el siglo XXI, no acabamos de despojarnos.
Esa Revolución Mexicana, inacabada, parcial y corrompida, es la que el pueblo mexicano sigue buscando sin acabar de entender que no se trata sólo de una aspiración política, sino más bien de un cambio en su mente, en su espíritu y en su amor por el prójimo. Es, en suma, una verdadera revolución de los corazones.
Vivimos en una época en donde lo transitorio y lo desechable es más valorado que lo trascendente y lo perdurable. Por ello, debemos ser precavidos para no caer en una evangelización que se despreocupa del destino de los sufrientes, eso sería una evangelización que cae en la tentación de la comodidad. Muchas veces, no se les enseña ni se les advierte a los evangelizados del hecho de que creer es comprometerse también con el prójimo y con el mundo, lo cual nos va a llevar a trabajar por un mundo más justo, buscando el equilibrio en el reparto de los bienes de la tierra que son de todos, y a la crítica de los necios que almacenan insolidariamente, sin amor. No debemos ser ciegos ante la inmoralidad de nuestra sociedad. Si no vemos eso, no hemos entendido el Evangelio, ni la justicia del Reino de Dios.
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