Categoría: Editorial

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1. EditorialDespedida, bienvenida

La XXIII Conferencia General de la IMMAR, celebrada en mayo de 2018, en la Ciudad de Querétaro, eligió al Ing. Martín Larios Osorio como nuevo Director del Órgano Oficial de Comunicación de la IMMAR, que lleva el nombre de El Evangelista Mexicano, para el cuadrienio 2018-2022. Él es un prominente laico de la Conferencia Anual Septentrional (CAS), en cuyas manos el desarrollo de nuestro medio informativo proseguirá hacia una nueva y diferente etapa. Se distinguió por ser el presidente del Comité Organizador de la XXIII Conferencia General, en términos de excelencia. Dios bendiga el trabajo del Hno. Martín, seguros de que va a ser como todo lo que él hace, una muestra del gran talento que tiene la IMMAR entre sus laicos.

Un servidor de todos ustedes publica la presente edición como su última tarea correspondiente al cuadrienio 2014-2018. Terminado el mes de junio, termina la mitad del año 2018, de modo que el Ing. Martín Larios toma bajo su responsabilidad la edición del siguiente número que aparecerá, Dios mediante, el 15 de julio. Toda comunicación dirigida a El Evangelista Mexicano en lo sucesivo, deberá hacerse al correo electrónico del mismo periódico, evangelista.mexicano@gmail.com.

Derrame el Señor mucho de su abundancia disponible sobre El Evangelista Mexicano, su director y todos nuestros entrañables lectores. ¡Shalom!

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1. EditorialDimensión Social de Nuestra Fe

Bienaventurado el que piensa en el pobre; en el día malo lo librará Jehová” (Sal. 41:1). “El cristianismo es una religión esencialmente social y tratar de hacerla solitaria es destruirla… La religión que nuestro Señor describe en las palabras ya citadas, no puede existir sin la sociedad, sin que vivamos en conversación con los hombres… Una religión secreta, escondida, no puede ser la religión de Jesucristo” (Juan Wesley, en su 4° sermón sobre el Sermón del Monte). “El evangelio de Cristo no conoce otra religión que la social, ni otra santidad que la santidad social” (Juan Wesley, en el Prefacio del himnario que publicó en 1739). Uno de los textos bíblicos más amados y  mencionados por el reformador inglés, era, “La fe que obra por el amor” (Ga. 5:6).

El metodismo original fue una expresión, entre otras, de la dimensión social con que el cristianismo fue presentado a la humanidad en el siglo I. Las primeras iglesias en las tierras del Nuevo Testamento no solamente cultivaban su relación espiritual con su Señor mediante la oración y demás medios de gracia, sino también procuraban aliviar el hambre, la enfermedad, la pobreza, la soledad de hombres y mujeres con desventajas sociales. Así como su Maestro durante su ministerio terrenal, ellas también sentían compasión por los sectores marginados. Jesucristo había dado como evidencia de ser el Mesías, el que “a los pobres les es anunciado el evangelio” (Mt. 11:5). Así que se dedicaron a hacer bien no solamente al alma de los hombres, sino también a sus cuerpos (Ro. 15:26; 1ª Tm. 5:9-16).

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1. EditorialXXIII Conferencia General

Los predicadores metodistas galopaban hacia Baltimore. Se había convocado una conferencia para considerar el futuro del movimiento metodista. Era urgente, y no habiendo telégrafo, teléfono ni radio, la única manera de reunirlos había sido enviar un mensaje a caballo… Grande era, en verdad, la necesidad de una conferencia… Una de las cosas más impresionantes fue la rapidez con que se dispersó la concurrencia. Se hicieron las designaciones; se ofreció la oración final; y, como si hubieran saltado por las ventanas de la capilla a las sillas de los caballos, los predicadores estuvieron en camino. Los negocios del Reino requerían prisa, y aprisa partieron… (*)

Del 18 al 26 de mayo, en la Ciudad de Querétaro, la Iglesia Metodista de México, A.R. celebró, como cada cuatro años, su máxima asamblea nacional, fue la XXIII Conferencia General. Son miembros plenos de ella los seis Obispos metodistas mexicanos, un Representante Laico por cada una de las seis regiones episcopales, cuatro delegados pastorales por cada una de esas regiones y cuatro delegados laicos de las mismas. Así se pretende igualdad en el número de votos entre pastores y laicos. Los mismos derechos tendrán los delegados fraternales de otras iglesias metodistas del extranjero. Y se suman, con derecho de voz, mas no de voto, los presidentes de las comisiones, de las Organizaciones Oficiales, de las áreas de trabajo y otros funcionarios.

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1. EditorialEl valor de nuestra Disciplina

(Ante la proximidad de la celebración de la XXIII Conferencia General de la IMMAR, del 18 al 26 de mayo de 2018, en la Ciudad de Querétaro, transcribimos este artículo, de la autoría del Pbro. Bernabé Rendón M., publicado originalmente en un libro).


Contamos con un manual que expresa lo que los metodistas mexicanos queremos juntos. Es un testimonio de nuestro deseo de convivir en armonía, expresión de nuestra voluntad hacia la unidad. En ocasiones no estaremos de acuerdo con alguna de sus cláusulas, pero sabremos que representa el criterio de la mayoría, lo cual nos hará aceptarla dejando de lado la inconformidad. Por madurez cristiana y por simple principio lógico, sabemos que la parte no es más que el todo; así que optamos individualmente por el todo, logrando de este modo convivir con el resto según el consenso, dando lugar a la tolerancia.

Este manual recibió originalmente (en 1930) el nombre de Disciplina, nombre tomado del libro correspondiente de la Iglesia Metodista de los Estados Unidos de Norteamérica. No fue Juan Wesley, sino los metodistas norteamericanos quienes le dieron ese nombre. En 1938, sin embargo, la Iglesia Metodista de México le cambió el nombre por el de Constitución; para luego, en la Conferencia General de 1946, volver de nuevo al nombre de Disciplina, tal como permanece hasta hoy.

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1. Editorial (1)Ojos con qué ver el mundo

Una de las doctrinas distintivas del metodismo lo es su concepto wesleyano de la gracia preveniente. Con esa idea nos referimos a la disposición favorable de Dios hacia su creación, y su influencia dejada en ella para reavivarla. No queremos decir con el vocablo preveniente que se trate de alguna segunda forma de gracia. En nuestro Dios perfecto no puede haber más de una forma de gracia, una misma actitud dentro de su naturaleza, que se expresa de manera continua y consistente en favor de todo lo creado. Le llamamos preveniente únicamente para especificar los beneficios que Dios obsequia al hombre antes de que esa misma gracia lo lleve a la experiencia de su salvación, es gracia anticipante que prepara la voluntad humana para acceder al ofrecimiento divino de una reconciliación por medio de  Cristo. La gracia de Dios es preveniente antes de la salvación del individuo, y es gracia salvadora en la hora maravillosa de la justificación y nuevo nacimiento. Pero es la misma gracia. Es el modo como el Océano Atlántico cambia de nombre de acuerdo a las playas que moja, llamándose, por ejemplo, Golfo de México por un lado, Golfo de Venezuela por otro lado y Mar Caribe por otro,  pero es el mismo Océano. Así también la gracia de Dios cambia de nombre, en nuestro concepto, dependiendo de los beneficios que esté prodigando, pero insistimos, es la misma.

La gracia divina ha sido distribuida en todo el género humano, sin excepción alguna, con la finalidad principal de prepararlo para responder favorablemente al amor de Dios. Cristo es el facilitador de esa gracia para todos, y por eso se dice en Jn. 1:9 que él era “Aquella luz verdadera que alumbra a todo hombre”. Tocará a cada persona colaborar con esa gracia o resistirla, y es la razón por la que la tarea evangelizadora de la iglesia cristiana se dirige confiadamente a la conciencia de los seres humanos en la esperanza de que se dejen llevar por esa gracia a los pies del Salvador. Para Juan Wesley la explicación del por qué las personas pueden decidir aceptar la salvación en Cristo, no está en el así llamado libre albedrío, sino en la gracia preveniente. La salvación depende enteramente, de principio a fin, de la pura gracia de Dios. 

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1. Editorial (1)Oye, Israel

Te ruego que me muestres tu gloria” (Dt. 33:18), fue la petición de Moisés al Dios invisible. Pero no se le concedió tal súplica, mostrándosele más bien alguna mínima manifestación de la presencia de Dios, con grandes limitaciones. Como Moisés, la inclinación a querer ver a Dios o las manifestaciones de Dios, es cosa muy generalizada. La vista es la mejor manera de percibir el mundo, entre el resto de nuestros sentidos de percepción; lo que se aprende viendo se conserva mejor en la memoria que aquello que se aprende sólo escuchando. Preferimos ver a oír, esto es algo muy natural, propio de nuestra naturaleza humana.

Las religiones antiguas, las anteriores y las contemporáneas del peregrinaje de Israel en su recorrido de Egipto a Canaán, estaban basadas en la vista. Los sacerdotes necesitaban mostrar algo a los adoradores, razón por la que las ceremonias paganas eran tan vistosas y atractivas, al grado de cautivar a los judíos. Aquella gente religiosa podía invitar a algún amigo a acompañarles al templo donde adoraban y decir a su invitado, “este es mi dios.” Tenían algo que mostrar a la vista. Algunas imágenes de aquellos dioses con sus templos llegaron a ser tan artísticamente elaborados que representaron joyas de la escultura y arquitectura de la antigüedad, como lo fue el caso del templo a Diana en Éfeso y la estatua de Zeus en Grecia, dos de las siete maravillas del mundo antiguo. 

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1. editorialDespués del Día de Preparación

Jesucristo fue crucificado en viernes, el día anterior al día de reposo (sábado). Por eso los viernes son mencionados como “el día de preparación”, como en Jn. 19:42, “Allí, pues, por causa de la preparación de la pascua de los judíos, y porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús”. Aquel año el día siguiente sería el 15 de nisán, día de la Pascua, por lo que sería un sábado de gran solemnidad. Esto corrige la idea errónea que algunos manejan en el sentido de que el Señor fue crucificado en miércoles. El caso es que, por tratarse del “día de la preparación” (el parasceve, como dice en el texto griego del Nuevo Testamento) necesitaban descolgar y sepultar el cuerpo de Jesús con rapidez, antes de las 6 p. m., hora en que empezaba el sábado pascual. Tal parasceve era empleado para hacer compras y preparativos para el sábado y la Pascua, pues el 15 de nisán no podrían realizar tarea alguna. Así estaba ordenado en Ex.12:16, “El primer día habrá santa convocación, y asimismo en el séptimo día tendréis una santa convocación; ninguna obra se hará en ellos, excepto solamente que preparéis lo que cada cual haya de comer.” Debido a las carreras que habían de hacerse el día de preparación, según Flavio Josefo, el gobierno romano había liberado a los judíos de cualquier obligación ciudadana ante el Imperio a partir de las 3 p. m. (*) 

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1. EditorialUn rostro ensangrentado

La Semana Santa de 2018 cae en la última semana de marzo, en la cual transcurrirá la semana final de la Cuaresma. Dentro de ella celebramos el Domingo de Resurrección, fiesta que dio origen a la Semana Santa y a la Cuaresma. Pero no se puede dejar palidecer la trascendencia del significado de los sufrimientos expiatorios de nuestro Salvador. No sólo su triunfo sobre la muerte, sino también sus aflicciones por reconciliarnos con el Padre son dignos de recordarse para adorarlo con gratitud.

¿Cómo era el rostro de Jesús? Nunca lo sabremos mientras vivamos sobre la tierra. No se nos dejó ningún grabado, ninguna pintura, ninguna descripción escrita sobre su parecer. El famoso Manto de Turín (en Italia), con el cual supuestamente se envolvió el cuerpo del Señor en la sepultura, nos lo muestra con los rasgos tradicionales, con barba espesa y bigote. Sin embargo, en el Cáliz de Antioquía, en el que se supone Jesús ofició la Santa Cena, mismo que se exhibe en el Museo Metropolitano de Nueva York, aparece sin barba. Y el fresco con la imagen de Cristo más antigua que se conoce (siglo II), que está en las Catacumbas de San Calixto en Roma, aparece también como un joven lampiño. (*) La duda se nos quedará, dando lugar a la imaginación, pero nada seguro en el terreno de la realidad.

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1. EditorialUna bandera para las naciones

Los mexicanos celebramos anualmente el Día de la Bandera, cada 24 de febrero, como acto de admiración y honor no a ella misma, sino a los valores patrios que representa. Es necesaria una en cada país, pues ella identifica la nacionalidad en el extranjero, y es un emblema de hechos y significados dentro de una nación. Una bandera para México fue posible hasta el final de su categoría de colonia española, al inicio de la guerra de independencia. Antes de esa etapa de nuestra historia, se usaban en nuestro territorio estandartes que representaban el dominio de ciertos monarcas sobre el mismo. Los tres colores no tienen una interpretación uniforme debido a que su significado no está incluido en la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacional, pero en la época juarista significaron: el verde, esperanza; el blanco, unidad; el rojo, la sangre de los héroes nacionales. Y el escudo nacional representa el origen del pueblo autóctono que los españoles vinieron a someter. Es lamentable que nuestra bandera nos recuerde con orgullo valores del pasado, pero no realidades del presente, puesto que nuestro país está viviendo una cruda crisis de falta de credibilidad en aquellos que administran nuestras instituciones, nuestra esperanza es ahogada día tras día por quienes han elegido el camino del enriquecimiento personal a través del ejercicio político. El espíritu que fascinó a los “vende-patrias” combatidos por el movimiento liberal en el pasado, está hoy operando en quienes venden porciones de nuestro bien común nacional, quienes, sin atisbo de pena alguna, piden nuestro voto para asegurar que tal mancilla no finalice.

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