
La huella de la gracia: “Algo mejor es posible”
Ignacio Simal
Estaba leyendo a Nadia Bolz-Weber, cuando cuatro palabras, entre otras, quedaron grabadas a fuego en mi “aposento interior”: “algo mejor es posible”. Algo mejor es posible para nuestras comunidades de seguidores y seguidoras de Jesús de Nazaret, el “Señor de la gloria” (1 Cor. 4:8).
Y ese “algo mejor” guarda relación con la experiencia de comunidad como huella visible de la gracia de Dios para todas las personas que participan de ella. Ya que decir “gracia”, es decir acogida, abrazo y perdón incondicional. Decir “gracia” es decir encuentro con personas ante las cuales puedo mostrarme desnudo, vulnerable, sin vergüenza para mostrarnos tal como somos, y no vivir ocultando nuestra desnudez con el delantal de hojas de las convenciones religiosas y de la “santidad” que las acompaña, tal y como se espera de nosotros. Solamente así podremos ser comunidades donde las personas puedan sentirse realmente conectadas unas con otras.
Pero no, entendemos la vida como un “Facebook” gigante, anhelando llenarla de cientos “me gusta”, convirtiéndonos en una parodia humana, ocultándonos en nuestro simulacro existencial de cara a la galería. Sin embargo, detrás del simulacro se encuentran las lágrimas y el dolor, y como “la Zarzamora” de la copla, andamos llorando por los rincones de nuestra interioridad, allí donde nadie nos ve. Y así, la comunidad, en lugar de ser una huella de la gracia de Dios, se convierte en una no-comunidad, en un espacio que añade más dolor al dolor al exigir, de facto, el ocultamiento de nuestra vulnerabilidad*.
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